miércoles, 12 de diciembre de 2007

Gracias

Este posteo es para agradecer todos los comentarios y buenas ondas que recibimos a partir del libro.

También para contarles que mi blog se llama: www.vamosviendo.com y los invito a visitarme.

Gracias. Ximena.

martes, 4 de diciembre de 2007

Presentación y comentarios


Aquí la presentación del libro en La boutique del libro. Acompañaron a Ximena y Alejandro, Andrea Majul y Julián Gallo.
Y el link un comentario publicado en el diario Perfil



sábado, 3 de noviembre de 2007

HIJOS SIN DIOS

Ya se está vendiendo en las librerías,

ya recibimos algunos comentarios,

ya tenemos fecha y lugar de presentación,

están todos invitados.


miércoles, 12 de septiembre de 2007

martes, 4 de septiembre de 2007

¿Qué es este libro?

Este no es un libro sobre la existencia de dios. Hay muchos trabajos que discuten los argumentos a favor y en contra de la religión, a favor y en contra del ateísmo, tratando de lograr una conclusión sobre el tema. Este libro aborda los problemas que surgen en la crianza cuando los padres son ateos (no porque surjan más problemas que en la crianza religiosa, sino porque se trata de problemas distintos), es decir, este trabajo tiene como presupuesto y punto de partida la perspectiva de dos personas que no creen en dios, o de manera aun más clara y terminante, saben que dios no existe. O, para decirlo de otra manera, que su existencia es ideal, es decir, que dios es una idea que tienen muchas personas pero de ninguna manera una existencia plena, dotada de realidad y poder.

No se trata de agredir o descalificar a quienes basan su visión del mundo en la existencia de dios (aunque tampoco se pueda negar que creyentes y no creyentes disfrutamos del combate argumental), se trata de abrir un espacio de legitimidad y elaboración para quienes vivimos en una zona social poco comprendida, el ateísmo, o incluso de pensar y abordar problemas que suelen ser descuidados. Los chicos que crecen en casas ateas preguntan a sus padres: ¿nosotros qué somos, católicos, judíos, qué? O, cuando una amiga toma la primera comunión, preguntan: ¿por qué yo no puedo ponerme un vestido así y hacer una fiesta? O: ¿existe dios?, ¿qué es dios?, ¿dónde está?, ¿de dónde venimos, adónde vamos? Estas preguntas, legítimas, importantes, tienen una respuesta religiosa y tienen también una respuesta atea. No sólo se trata de responder dando una visión de las cosas, una visión del mundo, también hay que saber tratar con los problemas que surgen, con las diferencias que se manifiestan en las relaciones humanas, de amistad, de compañerismo, de complicidad, entre personas (personas que son niños, o que son padres) que creen en dios y personas que saben que no hay dios.

Respetar no es limitar la capacidad de dar respuesta a las preguntas que podrían manifestar diferencias, dejando en la indefinición aspectos importantes de la construcción de sentido. Respetar no es suponer que mantener una posición es siempre algo desconsiderado. Respetar no es tampoco fingir tener una posición que no se tiene. Para un ateo, respetar al creyente no debe ser simular que la respuesta a la pregunta sobre la existencia de dios carece de respuesta justa, sino entender que otro pueda tener una respuesta distinta a la propia. Lo mismo para un creyente. Respetar la diferencia, convivir con ella, no quiere decir que uno va a limitar su forma de ver y entender el mundo, sino que es legítimo desplegarla de manera completa.

El que no cree en dios, mejor dicho, el que sabe que no existe, el que siente que dios no es respuesta a nada (o que, más frecuentemente, es una respuesta rápida y fácil a casi todas las cosas), el que desea por lo tanto que sus hijos adopten este saludable punto de partida para su relación con el mundo, porque sabe que este camino, aunque exigente, es el camino de la autenticidad, del amor, de la responsabilidad, de la verdad, ¿qué tiene que hacer en un mundo que gusta de hablar de dios como si la creencia debiera ser compartida por todos?

¿Qué decir cuando nuestro hijo nos pregunta si dios existe, si somos ateos pero entendemos que su entorno no lo es? Queremos respetar su discernimiento, abrirle espacio a su posición personal, ¿tenemos por eso que hacernos los que no pensamos las cosas que pensamos, para no influenciarlo? ¿No es mejor influenciarlo de manera de hacerle accesible las que nosotros consideramos las mejores opciones? ¿Acaso los padres creyentes le presentan a sus hijos la posibilidad de no creer en dios? ¿Acaso los padres le dan a sus hijos una visión descomprometida en temas como la droga o la seguridad, se le presentan las opciones para que el chico decida si quiere o no drogarse o se le dice claramente “la cocaína hace daño”? ¿Por qué no hablar entonces claramente del daño que puede hacer la posición simplista y miedosa de la fe?

Este libro es una experiencia. Quienes lo escribimos, Ximena y Alejandro, estamos casados desde hace 7 años y tenemos dos hijos, Andrés de cuatro años y Bruno de uno y medio. Somos ateos. No somos enemigos de la religión, pero creemos que la mejor opción vital es hacerse cargo de sí mismo y vemos que las religiones no fomentan esa actitud ni esa conciencia. Queremos, con este libro, ayudarnos a entender mejor el tema, porque sabemos que la crianza plantea algunas variables a las que no sabemos cómo hay que responder. La experiencia que hacemos al escribir este libro es la de producir para nuestro diálogo de siempre (que fue uno de los principales motivos del enganche mutuo, aparte del sensual) un nuevo formato, poco habitual en una relación de pareja, el de un libro escrito en común, pero la experiencia es también la de ir averiguando qué pensamos de un tema que no habíamos abordado hasta ahora de manera frontal, que no es –como ya dijimos- el de la existencia de dios, ya que ambos somos ateos, sino el de cómo ayudar a nuestros hijos a pensar y vivir la diferencia con sus amigos religiosos y con los posibles y abusivos avances de la religión.

Cuando comenzamos a evaluar la posibilidad de embarcarnos en este proyecto, yo, Alejandro, tenía mis dudas, pero finalmente Ximena escribió algunas ideas desarrollando el enfoque, que le parecía valioso, y me hizo ver un alcance al tema que yo no había intuído. Ximena es psicoterapeuta, y su forma comprometida y esmerada de ser madre le hizo interesarse mucho por la bibliografía sobre la crianza y en especial por la forma en que la crianza se está pensando y viviendo hoy. La crianza pasó de ser una función automática o desestimada a poder ser comprendida como un aspecto central en la vida de un individuo. No es una transformación cultural menor, es tal vez uno de los rasgos centrales de nuestra época, ligado al desplazamiento de las cuestiones personales del ámbito de sentido filosófico y religioso al de la comprensión existencial y psicológica. Por más que haya habido ultimamente muchos intentos de aplicar la filosofía al campo de las terapias, lo cierto es que desde hace décadas las psicoterapias han avanzado en la comprensión de la vida humana interior -o sea, de la vida humana- mucho más de lo que el pensamiento filosófico haya logrado jamás.

Ximena me decía que criar hijos ateos era criarlos de verdad, plenamente, asumiendo el rol de responsabilidad que la religión tendía a desdibujar, y ejerciendo de manera concreta y real ese amor que la religión, desde nuestro punto de vista, enuncia de manera equívoca y limitada. Suena un poco atrevido decir que la religión no representa al amor, o más bien que da una versión acotada y reducida del mismo, pero llegará el momento de desplegar y discutir las razones que sostienen esa afirmación, a la que consideramos completamente cierta. En todo caso podemos ya adelantar que no es que seamos ateos porque no creemos en el amor o porque nos parece una palabra sonsa, todo lo contrario. Pensamos que el amor más verdadero y auténtico no es el que se imparte en las religiones como valor impersonal, sino ese que tiene origen en el cuerpo y en el deseo. No vemos al cuerpo como opuesto al espíritu, como esa carne que no puede inspirar confianza, sino como el objeto espiritual por excelencia.

Sí, hay mucho Nietzsche en estas ideas. ¿Creemos en Nietzsche? De ninguna manera. No es fe. Es un interlocutor valioso para nosotros. Quien cree en dios ve creencia en todas partes, porque su estructura de sentido es la fe. Quien no cree en dios encuentra y elabora el sentido en otras modalidades de pensamiento y sensibilidad.